Religioso por necesidad, Trump llamó a una gran plegaria para despegarse de Epstein
La cita será al mediodía del 17 de mayo, a lo largo de los tres kilómetros del National Mall de Washington que van del Capitolio al monumento a Lincoln. Están invitados todos “los buenos”, generales y académicos, médicos y enfermeros, obreros y artesanos, curas y pastores, empresarios y traficantes, sabios y brutos, todos genéricamente. Y en exclusiva, un gobernante extranjero. Estarán todos menos los woke y el único que llegará, identificado por nombre, cargo y apellido “porque es un amigo, porque es un tipo increíble, porque es mi gran aliado y porque es el mejor”, será Nayib Bukele, presidente de El Salvador, dueño de la más grande cárcel occidental, donde previo a la deportación Donald Trump tiene en eterna cuarentena a la “basura latinoamericana” y otras víctimas del terrorismo de Estado.
La invitación a esa especie de gran plegaria que tendrá a Bukele como figura central de la marquesina, fue lanzada el jueves 5 de febrero y es para “orar, dar las gracias, leer la Biblia y así volver a consagrar a EE UU como una sola Nación bajo dios, y hacerlo ahora que nuestras iglesias se están llenando porque la religión está de vuelta”. En un desayuno servido para empresarios y pastores en el gran salón del Hotel Hilton de la capital norteamericana, el presidente/comandante en jefe/sacerdote mayor olvidó su condición de condenado por explotación sexual –presunto miembro, además, del staff pedófilo de Jeffrey Epstein– y se presentó como salvador del cristianismo. En el acto, visto como lanzamiento de campaña, no ocultó su temor a perder las legislativas de noviembre.
Las ínfulas pastorales del presidente, que nunca se destacó por su religiosidad, nacieron durante la campaña de las presidenciales de 2016, cuando vio qué bien prendía la prédica contra el aborto entre los fundamentalistas evangélicos. Según el Pew Research Center el 80% de ellos lo votó. Visto el buen negocio, incorporó el lenguaje y las poses de los religiosos fanáticos a su discurso político extremista, supremacista, de odio a los migrantes y a las minorías. Avanzó y se declaró “enviado de dios todopoderoso”. Durante los 90 minutos de su arenga del Hilton, Trump mantuvo a su lado, en posición de firme, de pie, al ministro de Vivienda, el pastor bautista Scott Turner. Habló poco al final. Sólo destacó “la espiritualidad del presidente” e instó a “orar con él por la renovación espiritual del país”.
Trump se convirtió en un líder confiable para el fanatismo religioso. Lo mostró con hechos concretos. En setiembre pasado invitó a los norteamericanos a rezar y leer la Biblia una hora por semana. La web de la Casa Blanca explicó que el presidente “anima a formar grupos de diez personas para orar juntos y organizarse”. ¿Formar comandos, acaso? El diario español La Vanguardia resumió los pasos dados para imponer su plan de usar la religión para enfrentar la amenaza inmigrante a las sociedades occidentales. En los 23 meses que lleva su segundo mandato creó una purificadora Oficina de la Fe, estableció la Comisión de Libertad Religiosa para identificar amenazas, llenó los edificios públicos con simbología religiosa y ordenó al ministro de Educación que redacte un decreto de necesidad y urgencia para “proteger el derecho a la oración en las escuelas públicas”.
Con perdón de la comparancia, como habría dicho el gaucho Martín Fierro, el presidente Trump, al igual que muchos de sus émulos, sueña con pasar en un futuro lejano, en el que no estará, convertido en un Moisés, un Jesús, un Alá o un Mahoma –o un Judas quizás–, compartiendo el podio con esos prohombres que a fuerza del ejemplo, y un buen marketing también, se ganaron ese lugarcito de la historia que ellos tampoco vieron o vislumbraron. En eso si se parecieron. Por ahora viene frustrándose. La realidad de hoy parece mostrarle que la realidad de mañana no será la más auspiciosa, así como el pasado reciente que escribió la Academia de Oslo tampoco lo fue, cuando lo privó de un premio que imaginaba suyo y al final, a falta de candidato, fue dado a una terrorista venezolana.
Hermanos latinoamericanos
Javier Milei será recibido por Donald Trump, en Miami el próximo sábado 7 de marzo. Será en una cumbre regional que reunirá a mandatarios aliados del hemisferio occidental. También están convocados los presidentes de Paraguay, Bolivia, El Salvador, Ecuador y Honduras, en lo que será la primera cumbre regional desde que Trump inició su segundo mandato. Luego, Milei asistirá al Argentina Week, un evento de negocios que se realizará en Nueva York. ¿Será recibido por el flamante alcalde de Nueva York, Zohran Kwame Mamdani, de origen musulmán, reconocido progresista?
Una ayudita de mis amigos
Cuba está bloqueada pero no está sola. Al menos, Rusia y México desoyen la exigencia de la administración Trump de ahogar a la isla. El Kremlin aseguró que no desea una escalada con EE UU, pero que suministrará petróleo ruso a Cuba: según el diario Izvestia, Moscú «prevé el suministro en breve» de una partida de petróleo y productos petroleros «en calidad de ayuda humanitaria». El último envío fue de 100.000 toneladas en febrero de 2025. Además, Cuba recibió este jueves dos buques (el Papaloapan y el Isla Holbox) cargados con poco más de 800 toneladas de víveres que envió el gobierno de México como ayuda humanitaria.
